Educación, democracia y corrupción: la urgencia de una ciudadanía consciente
Educación, democracia y corrupción: términos manipulados por quienes han
ostentado el poder en diversos países en detrimento de la sociedad.
Escribir sobre educación es escribir sobre liberación, pues la verdadera
educación constituye la única vía eficaz para acercar al ser humano a la vida
en libertad. Se trata de una libertad orientada a asumir la responsabilidad de
la propia existencia, ya que solo cuando nos conocemos, nos aceptamos y
comprendemos nuestra realidad, podemos descubrir y alcanzar nuestro verdadero
propósito de vida.
En contraposición, escribir sobre democracia hoy en día implica
enfrentarse a un modelo político que ha fracasado en gran medida al pretender
mejorar la vida de las mayorías. El acto de votar ha sido pervertido por la
corrupción de los gobernantes elegidos, quienes traicionan sistemáticamente a
los electores. Estos ciudadanos, impulsados con frecuencia por la emocionalidad
del momento, eligen a sus representantes sin valorar adecuadamente sus
habilidades, destrezas, entorno familiar y, sobre todo, su compromiso ético con
el cargo al que aspiran.
La
democracia más allá del voto y la impunidad de los cargos
En la concepción tradicional de la política, se suele presentar al voto
como el distintivo supremo de la democracia. Sin embargo, la historia demuestra
que hasta en las dictaduras más crueles han existido procesos electorales,
muchos de los cuales han sido permitidos y avalados por gobiernos democráticos
e instituciones internacionales que terminan dándole la espalda a la
ciudadanía.
Esta distorsión se evidencia también en la disparidad de exigencias para
ejercer responsabilidades públicas y privadas. Mientras que, para ocupar para
rector universitario, magistrado del Tribunal Supremo o director ejecutivo de
una empresa se demanda un alto nivel académico y una vasta trayectoria
profesional —aunque estos ámbitos tampoco estén exentos de sonados casos de
corrupción—, para ocupar cargos de máxima relevancia pública como presidente,
diputado, senador, gobernador o alcalde, solo se requiere la nacionalidad y una
edad mínima. Resulta paradójico que a quienes se les confía la conducción y el
destino de un país no se les exija un perfil riguroso.
Los casos de corrupción en la función pública abundan en todo el mundo
y, lo más deplorable, es que cuando se logra juzgar y condenar a los
responsables, las penas de cárcel resultan ser una burla para la sociedad,
sirviendo únicamente de aliento para que otros continúen delinquiendo.
Por su parte, el Poder Legislativo promulga continuamente leyes
anticorrupción que en muchas ocasiones son simples copias de legislaciones
extranjeras. Aunque se publicitan como la solución definitiva, terminan pasando
a formar parte de una extensa biblioteca de leyes incumplidas. Estas quedan en
el olvido porque atacan directamente los intereses del propio poder; no son
cumplidas por los funcionarios y, cuando se aplican, se hace de forma torcida y
conveniente. En este entramado, la Fiscalía y el Poder Judicial juegan un rol
fundamental, pero lamentablemente también se encuentran en muchos casos
carcomidos por las mismas redes de corrupción.
Por ello, la labor legislativa y la institucionalidad solo serán
auténticamente democráticas cuando la inmunidad deje de ser sinónimo de
impunidad. Todo funcionario debe ser juzgado como cualquier ciudadano, pues el
fuero se ha utilizado como excusa para delinquir y perjudicar los intereses de
la nación. Este daño genera un profundo desprestigio y una alarmante falta de
credibilidad que impulsa a la ciudadanía a buscar salidas en candidatos
populistas. Estos últimos, actuando como caudillos, terminan por destruir las
débiles instituciones democráticas y convierten al Estado en su granja
familiar.
¿Para qué elegir? ¿El cáncer de la corrupción y el papel de la
educación?
La problemática
no se limita al ámbito electoral. En los países democráticos, los funcionarios
públicos utilizan sus cargos para múltiples formas de corrupción: desde el
clásico tráfico de influencias, la malversación de fondos y el uso indebido de
bienes del Estado, hasta la venta de contratos de obras públicas. Esta
situación se ha transformado en un cáncer que pareciera no tener cura en la
actualidad. Los funcionarios públicos se apertrechan detrás de sus cargos y de
leyes aprobadas a su medida para servir a sus benefactores de campaña (por lo
general, sectores económicos con intereses a menudo ocultos y opuestos a la
ciudadanía que los eligió).
Aun existiendo
leyes y organismos anticorrupción, el erario continúa siendo saqueado, mientras
que el elector que confió y votó por un candidato puede hacer poco o nada para
que este sea llevado ante la justicia, juzgado y sentenciado.
Una
ciudadanía consciente
Es aquí donde el
hilo conductor de la educación cobra un rol determinante. Una educación para la
vida, transformadora no solo forma profesionales, sino ciudadanos reflexivos
con capacidad crítica para evaluar a los candidatos antes del voto y para
ejercer un control efectivo durante el ejercicio del gobierno.
La verdadera
salida a este círculo de corrupción requiere consolidar mecanismos reales de
participación y fiscalización. Por ello, hace falta mucho más que solo votar y
luego protestar para exigir los cambios que demanda la sociedad. El poder
público debe estar al servicio de la nación y no de un selecto grupo de
privilegiados. En este sentido, la independencia de los poderes públicos, la
eliminación de la inmunidad parlamentaria, los mecanismos de contraloría
ciudadana, la remoción de cargos mediante consulta y la evaluación ciudadana permanente
de lo planeado frente a lo ejecutado surgen como opciones fundamentales a
valorar. Solo combinando una educación orientada a la libertad y a la ética con
una ciudadanía activa y capacitada para la auditoría pública, podremos sanar
las instituciones y transformar la democracia en un modelo real al servicio de
todos.
Este
artículo «Educación, democracia y corrupción: la urgencia de una ciudadanía
consciente. Venezuela» esta es una versión ampliada del articulo publicado
originalmente en: https://revista.elarcondeclio.com.ar/educacion-democracia-y-corrupcion-la-urgencia-de-una-ciudadania-consciente-venezuela/.Si va a
utilizar este texto cite la fuente: revista.elarcondeclio.com.ar
Dr. Miguel Angel
Ramirez
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