UN NUEVO MODELO EDUCATIVO PARA UNA UNIVERSIDAD NUEVA
La Nueva Universidades de las Américas y las necesidades de la región
Proyectar una nueva universidad es un
desafío, pues significa romper nuestros propios paradigmas y desde este punto
de partida, pensar en la sociedad de hoy para construir un mejor futuro,
utópico, sí, posible y necesario, más aún. Más allá de los modelos históricos
como: El antiguo Egipto y Grecia, Mesopotamia, Bolonia, Serna, Paris, pasando
por los modelos previos al siglo XX como el rígido modelo Alemán, el elitismo
inglés o el liberal estadounidense. La irrupción de la sociedad del
conocimiento impulsada por las nuevas tecnologías de la información y
comunicación.
Esto plantea una encrucijada a la
universidad actual: continuar hiperespecialización o indagar en las
posibilidades que nos brinda la invasión de la pandemia del Covid-19 para
transformarse en una nueva institución al servicio de la sociedad donde prive:
la formación integral del ser humano.
Una de las cosas que nos heredó el
COVID-19, es reflexionar sobre la incapacidad de la humanidad de enfrentar una
pandemia de manera integrada, se ha evolucionado mucho en el tecnicismo, en la
productividad, en la economía de los grandes capitales, en el crecimiento
urbano, más con escaso planeamiento sustentable.
Las sociedades, independientemente del
sistema económico, no consiguieron evitar la tragedia del inesperado número de
muertes, los millares de empresas cerradas, lo que provocaron, millones de
desempleos. Unido a esto, los cambios climáticos que, nos llevan cada día,
enfrentar, la falta de alimentos. En los países menos desarrollados, afloro de
manera más brutal, la corrupción al recibir las donaciones ara los más
necesitados.
Falto la formación del hombre, independientemente,
de su profesión, el lado humanístico, filosófico, integrado para comprender la
magnitud del problema y dar una respuesta a tiempo. Delante este escenario, es
necesario repensar una nueva forma de educar a las futuras generaciones, con
herramientas que le permitan enfrentar los nuevos desafíos de una sociedad más
justa, equitativa y próspera.
De
acuerdo con los datos de la población de América al año 2017, esta registra un
total de 1.023.770.985 de ciudadanos, constituyendo 36,3 % de la América del
Norte; 21,6 % de Centroamérica y el Caribe; 21,0 % por el Brasil y 21,2 % por
los países de habla hispana de Sur América. De esta manera, tendríamos 42% de
la América, con el dominio del español como lengua oficial, o sean, un universo
de 430 millones de habitantes.
De acuerdo a lo expuesto por Souza, Caiubi (2019) donde expresa que el dato del Instituto de Estadística da UNESCO (UIS), cerca de 10 países son responsables por el 80% de la inversión en investigación e innovación en el mundo (EUA, China, Japón, Alemania, Corea del Sur, Francia, India, Reino Unido, Brasil y Rusia). De acuerdo con SOUZA (2019)1/ en todos estos países, además de la inversión del Estado, existe una gran inversión por parte de la empresa privada en los centros de investigación e innovación. Vale resaltar que también existe un número importante de investigadores.
Para ver el crecimiento de la ciencia en los países subdesarrollados, independientemente del área del conocimiento, es necesario invertir en la formación de recursos humanos de alta calidad. El desarrollo económico requiere de cantidades específicas de técnicos, profesionales y científicos en diferentes áreas de la economía y de la sociedad, con el fin de alcanzar un desarrollo equilibrado.
Las universidades de América Latina, dentro de los retos más
relevantes conforme MORENO-BRID & RUIZ-NÁPOLES (2010)2/ es satisfacer la
demanda de investigación y formación de recursos humanos de alto nivel en
ciencia y tecnología, en cantidades suficientes para promover el crecimiento
económico basado en ventajas comparativas derivadas de actividades intensivas
en conocimiento y no en mano de obra no calificada y de baja remuneración.
Según estudios elaborados por la Fundação
de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo (FAPESP), citado SOUZA (2019)1/, la
inversión aplicada en becas, proyectos e infraestructura en las áreas de
agricultura producirían un retorno de R$ 27 para cada R$ 1 invertido. Es
innegable que los avances económicos en las últimas décadas registrados en el
Brasil, solamente fue posible gracias a las investigaciones efectuadas en
universidades e institutos nacionales, mismo con inversiones algunas veces
ínfimos. El autor afirma que, sin investigación e innovación, no existe
desarrollo en ningún país.
El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es una
unidad de medida para inferir el grado de desarrollo de una determinada
sociedad o país en los parámetros de educación, salud y renta. Algunos estudios
indican que este IDH está correlacionado directamente con el PIB, el principal
indicador de riquezas de un país.
Considerando el IDH de estas macro-regiones
analizadas, de acuerdo los resultados del PNUD de 20142/, Estados Unidos y
Canadá, con una media de 0,914; Brasil, 0,755; los países de lengua española de
Latinoamérica, 0,749; Centroamérica y el Caribe, con 0,699.
Por otro lado, en un estudio de 180 países,
resultados de la TRANSPARENCY INTERNATIONAL3/ indican que de acuerdo con el Índice
de Percepción de la Corrupción de 2020 (IPC), demuestra que la corrupción,
además de perjudicar la respuesta al combate del COVID – 19, esta contribuye
para una crisis continua de democracia. Siendo los impactos económicos y de la
salud, catastróficos. De acuerdo con el estudio, este índice va desde 0 a 100,
siendo entre más bajos este índice, la corrupción es mayor; entre más alto, la
corrupción es menor. El IPC de 2020 muestra que la corrupción penetra más en
países que son menos preparados para lidiar con la pandemia del COVID – 19 y
otras crisis globales. Parece que también existe una correlación del IDH con el
IPC de los países en estudio.
Analizando apenas los países de América,
los países que obtuvieron los IPC mayores que 50, o sea, países con menos
corrupción son: Canadá, Uruguay, EUA, Chile, Costa Rica, obtuvieron mayores
índices: 77, 71, 67, 67, 57 respectivamente. El resto, obtuvieron una media de
43 y 33 para los países de lengua hispana de América Latina y Centroamérica y
el Caribe, respectivamente.
No habrá crecimiento económico, político y
social, si no existe una educación más humanista, integrada y con una visión
sustentable.
La universidad del siglo XXI deberá contar con una estructura
de gobierno ágil y dinámica que le permita minimizar la burocracia, así como
tener la capacidad de indagar en las nuevas necesidades de la sociedad y por
consiguiente formar los nuevos profesionales con perfiles adaptados a lo demandado.
Referencias Bibliográficas
MORENO-BRID, J. C. & RUIZ-NÁPOLES, P. (2010). La educación superior y el desarrollo económico en América Latina In: https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/4884/1/S2009334_es.pdf. Último acesso: 30 de julio de 2021.
PNUD (2014). RANKING IDH GLOBAL 2014.
In:
https://www.br.undp.org/content/brazil/pt/home/idh0/rankings/idh-global.html Último acesso: 22 de junio de 2021.
SOUZA, C. E. (2019) A importância da ciência para o desenvolvimento do país. In: https://www.olhardireto.com.br/artigos/exibir.asp?id=11278&artigo=a-importancia-da-ciencia-para-o-desenvolvimento-do-pais Ultimo acesso: 24 de junio de 2021.
Imagen tomada de Educación 3.0.
Autores:
Dr. Luis Humberto Castillo Estrada.
Dr.Miguel Angel Ramirez.

Felicitaciones a los Dres. Luis y Miguel por sus aportes en tan excelente investigación, en donde resulta imperioso cambiar los paradigmas para lograr el éxito educativo.
ResponderBorrarUna reflexión que nos lleva a repensar lá educación en todos sus niveles y en especial el universitario. Desde el concepto ágil enfocado en la Gerencia universitaria, hay que definir el fin último de los procesos de formación profesional y enfocar las acciones para garantizar que todos sus actores, caminan hacia el mismo norte.
ResponderBorrarEs un gran desafío.
Gracias por su aporte
¡Excelente iniciativa! La era del conocimiento requiere de transformaciones que acompañen su avance, la educación y el sistema educativo debe ser parte de la vanguardia de estos cambios que ya están entre nosotros. ¡Saludos!
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